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La integración latinoamericana ante la geopolítica

El poder financiero central de Wall Street y la City de Londres tiene ante sí, el riesgo existencial lo que implicaría perder la hegemonía mundial frente a los países emergentes (BRICS). Un contexto geo-político suficientemente “conflictivo” puede justificar medidas de excepción que intenten, una vez más, salvar a los grandes bancos occidentales imputando sus pérdidas a los depositantes. De triunfar, la próxima fase del capitalismo sería de un mundo unipolar bajo hegemonía de los banqueros y guerreros, con una pérdida de la soberanía nacional generalizada, incluso la de los propios Estados Unidos y la Unión Europea.
América Latina, en particular América del Sur, vive procesos de integración regional que permiten trabajar con mayor autodeterminación por un mundo multipolar. Tras una diplomacia con claros signos soberanos, para el caso de unos países, y más autónoma y mejores negocios, para el caso de otros, toma cuerpo en 2008 la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), y en diciembre de 2011 la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La celebración de estos dos procesos, que cuestionan de manera abierta y efectiva el tutelaje que por décadas ejercieron los Estados Unidos en la región a través de la OEA. la recuperación de estos niveles y espacios de soberanía no se restringe al Estado. La sociedad también la apropia. La soberanía de los recursos naturales y el surgimiento de una nueva conciencia ecológica se convierten en elementos profundamente movilizadores y dinamizadores de los procesos sociales y políticos en nuestro continente.



La integración latinoamericana ante la geopolítica

Wim Dierckxsens

Introducción: La geo-estrategia actual
Nos encontramos en un momento clave, en un probable punto de inflexión tanto desde la perspectiva de los equilibrios políticos internacionales como desde la perspectiva de las políticas anti-crisis y, consecuentemente, de la evolución de la crisis financiera (EKAI Center, Crisis Financiera y Geo-estrategia, 24 de agosto de 2013). Nos encontramos ante un punto de inflexión en la evolución de las políticas anti-crisis, pues la tendencia es hacia el rescate interno/bail-in y separación entre banca comercial y banca de inversión. Con el estallido de la gran banca (de inversión sobre todo) implica la pérdida de los instrumentos clave que han permitido a Wall Street y la City de Londres el control hegemónico de Occidente (instrumentos económicos, políticos y medios de comunicación). El poder financiero central de Wall Street y la City de Londres tiene ante sí, entonces, el riesgo existencial lo que implicaría perder la hegemonía mundial frente a los países emergentes (BRICS) y Europa, junto con una creciente oposición nacionalista interna en sectores clave de Estados Unidos, incluyendo las fuerzas armadas. Los últimos sectores luchan por la conservación de un mundo unipolar bajo la hegemonía norteamericana, basada en el complejo industrial y militar y el dólar como moneda de intercambio internacional y de reserva.

La evolución geo-estratégica va a condicionar cuándo se produce el estallido de los grandes bancos occidentales y, por supuesto, va a condicionar qué políticas se abordan para canalizar este proceso. Si el contexto geo-estratégico se mantiene suficientemente estable, lo lógico es que, a través de la separación de banca de inversión y banca comercial por un lado y sobre todo de una gestión adecuada de los procedimientos de bail-in, las pérdidas de los grandes bancos sean absorbidas por ellos mismos con las consiguientes quiebras y redistribución de los equilibrios de poder. Estaríamos hablando en el último caso de un triunfo de las fuerzas que luchan por un mundo multipolar con más autodeterminación nacional y mayor soberanía de los pueblos.

Un contexto geo-político suficientemente “conflictivo” puede justificar medidas de excepción que intenten, una vez más, salvar a los grandes bancos occidentales imputando sus pérdidas a los depositantes (a través de una gestión desenfocada del procedimiento de rescate interno o bail-in) y a través de una reactivación de los rescates públicos y de la expansión monetaria. De triunfar, la próxima fase del capitalismo sería de un mundo unipolar bajo hegemonía de los banqueros y guerreros, con una pérdida de la soberanía nacional generalizada, incluso la de los propios Estados Unidos y la Unión Europea. La coyuntura de Siria representa, por lo tanto, es un punto de inflexión geoestratégico y un punto de inflexión en las políticas anti-crisis. Esta estrategia ha llegado a un punto culminante; Al abordar el ataque a Siria, Lebanon e Irán, se desembocará en un conflicto ya directo con Rusia y China. Tratase, por lo tanto, de potenciales detonantes de una guerra abierta con estas potencias, incluso nuclear, Estamos hablando, en última instancia, de una nueva guerra mundial (Vea EKAI Center, IBID).

América Latina ante la geo-estrategia
Ante este cuadro geo-estratégico hay retos enormes para los gobiernos latinoamericanos de cómo posicionarse lo que a su vez implica estudiarlo a fondo en nuestras universidades. América Latina, en particular América del Sur, vive procesos de integración regional que permiten trabajar con mayor autodeterminación por un mundo multipolar. El No al Alca, consumado en la Cumbre de Argentina -Mar del Plata, 2005- representó un hito histórico en este rumbo. Tras una diplomacia con claros signos soberanos, para el caso de unos países, y más autónoma y mejores negocios, para el caso de otros, toma cuerpo en 2008 la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), y en diciembre de 2011 la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La celebración de estos dos procesos, que cuestionan de manera abierta y efectiva el tutelaje que por décadas ejercieron los Estados Unidos en la región a través de la OEA. El proceso se presenta al mismo tiempo que EEUU pierde su hegemonía para conservar un mundo unipolar bajo su mando exclusivo (Vea, Osvaldo León, “Participación social, cultura y comunicación” ALAI, diciembre de 2012, pp. 41-42).

Esta agenda integracionista tiene inmenso potencial ya que permite recuperar espacios soberanos para cada uno de los países, en lo político, pero sobre todo en lo económico, permitiéndoles situarse en mejores condiciones –y con agenda diplomática plural- ante un mundo cambiante, donde las hegemonías están cuestionadas. Pero la recuperación de estos niveles y espacios de soberanía no se restringe al Estado. La sociedad también la apropia. La soberanía de los recursos naturales y el surgimiento de una nueva conciencia ecológica se convierten en elementos profundamente movilizadores y dinamizadores de los procesos sociales y políticos en nuestro continente. El surgimiento de nuevas visiones teóricas (El buen vivir) y nuevas prácticas políticas demandan otra concepción de la integración regional, mucho más allá de un simple neo-desarrollismo. Surge como elemento central, soberano, el pueblo, actores y artífices de la defensa y gestión de sus territorios y de los recursos naturales que estos abrigan (Vea, Mónica Bruckmann, “Una estrategia regional para la gestión de los recursos naturales”, ALAI, Diciembre de 2012, pags. 1-6).

El papel estratégico de la tierra y los recursos naturales
Mientras estos cambios se suceden en nuestra región, en el mundo no deja de crecer la demanda por recursos naturales. El crecimiento de la producción en Asia, en particular en China, propició un aumento de la demanda de materias primas superior a su oferta mundial, lo que se tradujo, entre otras, en un ´peak oil´, ante la escasez relativa de recursos estratégicos. Lo anterior traye como consecuencia un incremento sustancial de los precios mundiales de las materias primas, de los recursos alimenticios y de los agro combustibles (´commodities´), y una consecuente mejora de los términos de intercambio para los países nuestros. Y esto no es de poca monta.

Para el año 2012, y en comparación con 1991, dichos términos se incrementaron un 48% para América Latina. En el mismo período, para los países de América del Sur, este incremento superó el 100%, pero fue negativo para Centroamérica y el Caribe. En comparación con el promedio de la renta en recursos naturales entre 1991 - 2000, diez años después éste se había duplicado en América Latina. En gran medida esto se debió al incremento del 230% en extracción de minerales y 153% en extracción de gas natural. El proceso de ´reprimerización´ es perceptible en la región, pero ha variado desde casos fuertes (Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina), medianos (Brasil, Colombia) y débiles (México, Costa Rica) (Vea, Leonel Corona, Remzi Xhemalce, “América latina ante la reprimarización y la sociedad de conocimiento”, ALAI, diciembre de 2012, pp. 23-29).

Es este mismo proceso de acaparamiento de tierras y de extracción minera el que despierta intensos conflictos sociales y medioambientales en la región. Según datos de la CEPAL, durante los últimos cinco años el 35% de los conflictos en América Latina y el Caribe están relacionados con la minería de oro, 23% cobre y 15% plata. En los últimos años se ha venido intensificando a nivel planetario el acaparamiento de tierras, afectando especialmente a los habitantes de los países más pobres del planeta. África, América Latina y el Sudeste de Asia se han convertido en los objetivos de empresarios y estados-nación que han “adquirido” centenares de millones de hectáreas para la minería, la producción de agro combustibles, y mega proyectos turísticos. Paralelamente hubo entrega de los ríos a la incitativa privada, para la construcción de represas hidroeléctricas. Se trata de actividades extractivas con un impacto negativo sobre el medio ambiente, y con una tendencia de expulsar poblaciones locales de los territorios que habitan.

La lucha por la autodeterminación de los pueblos sobre sus territorios es un fenómeno ascendente. No es extraño, en este contexto, que la América Latina indígena lo reivindique con más fuerza al ser la población más afectada. La cosmovisión del Sumak Kawsay (Vivir en plenitud, Vivir en excelencia) reivindica una mayor autodeterminación de los pueblos sobre el uso del territorio. Lo anterior demanda una visión de Estado y una gestión gubernamental ligada a una mayor preservación del medio ambiente, la cual implica para la integración regional ir más allá de la visión netamente comercial, para proponer políticas comunes de un proyecto soberano regional y de menor intervención económica internacional (Vea, Mónica Bruckmann, ob. Cit, p.2).

Es esta perspectiva la que choca –sin lograrse neutralizar en la región- con una dinámica mundial creciente: la conversión de los commodities en un tipo de activos financieros en búsqueda de lucros rápidos con los llamados “mercados futuros”, hasta cumplir un rol similar a la burbuja inmobiliaria. No hay que olvidar que la lógica especulativa impuesta en el mercado de commodities fue responsable del aumento de los precios de las materias primas y alimentos producida entre 2005 y julio de 2008 con las hambrunas del caso sobre todo en África Subsahariana. No es casual que sea sobre todo en este continente donde está en proceso una batalla por la descolonización en torno a la soberanía alimentaria. La lucha por la autodeterminación de las naciones y de los pueblos sobre su territorio es un tema central para América Latina en general y Centroamérica en particular.

La participación de los especuladores a futuro (que solo tienen interés por los beneficios especulativos en el mercado de futuros) pasó de 7% en 1998 a 40% en 2008 y no ha dejado de crecer. Mientras que en el mismo periodo, los que están interesados en los propios productos físicos pasaron de 79% a 34%. Más de dos terceras partes del mercado de futuros de commodities estaban en manos de especuladores. El capital financiero y especulativo, que literalmente se ha convertido en el factor organizador de toda la economía de la región, sufrirá las consecuencias de una crisis de la gran banca en Wall Street y la City de Londres. Será un momento estratégico para las luchas sociales por una mayor autodeterminación de los pueblos y de las propias naciones (Vea, Mónica Bruckmann, ob.cit., pp. 5-6).

Necesidad de un nuevo Sistema Monetario Internacional
En la actualidad el petróleo se comercializa internacionalmente cada vez menos en dólares. Esta tendencia se aceleró en la precisa coyuntura que Occidente montaba un boicot económico contra Irán. Este boicot tuvo un efecto de bumerán contra EEUU ya que el petróleo que no compraba en dólares Occidente, lo compraban en otra moneda China e India, entre otros. No solo la compra y venta de petróleo se hace cada vez menos en dólares, sino en el mercado internacional se usa cada vez menos dicha moneda. Entre los BRICS acordaron dejar de usar el dólar como moneda de intercambio internacional. El comercio entre Rusia y China, entre China e India, pero incluso Japón ha acordado en 2011 dejar de usar el dólar en su comercio con China.

La crisis del dólar como moneda internacional afecta de sobremanera a los intereses económicos que están detrás del Complejo Industrial-Militar en EEUU. Inmediatamente después del acuerdo entre China y Japón tuvo lugar, en el último país, un tsunami que daño seriamente sus centrales nucleares. Hay acusaciones en internet que podía tratarse de un ataque con un programa militar llamado HAARP (High Frequency Active Auroral Reasearch Program) de EEUU. Sin embargo, es casi imposible averiguar la certeza de ello. Existen, sin embargo, ciertas indicaciones para ello. La decisión de Alemania de cerrar sus reactores nucleares inmediatamente después del tsunami en Japón es una de ellas. La otra es que, a partir del suceso, Rusia está construyendo plantas nucleares flotantes resistentes a terremotos y tsunamis. Rusia incluso ya tiene contratos para fabricar tales plantas flotantes, entre otros, para China.

Es probable que todavía en el 2013 proliferen presiones para que el dólar sea desplazado en la compra de petróleo e incluso para otros intercambios comerciales. De esta forma el dólar perdería su posición privilegiada de moneda de intercambio internacional y de reserva. De concretarse esta tendencia, la moneda estadounidense entraría en una crisis. Por el momento la Reserva Federal compra los nuevos Bonos del Tesoro. Es como imprimir dinero sin respaldo. Este dinero suele ir sobre todo como capital especulativo a la Bolsa de Nueva York. Cada vez más países dejan de comprar los Bonos de Tesoro y procuran incluso deshacerse de ellos. Es cuestión de tiempo y se acaban todos los mecanismos de la Reserva Federal de sostener el dólar artificialmente. Ello impactaría fuertemente sobre las otras monedas, desembocando así en una crisis de gobernabilidad. Es preciso estudiar estas tendencias y formular políticas económicas adecuadas para la región en general y los países en particular.

Los grandes banqueros de Wall Street y la City de Londres podrían aprovechar esa oportunidad de imponerse como los ´salvadores´ y proponer su propia moneda y su propio Banco Central Mundial. El objetivo es desplazar al dólar y de ser posible al euro y así poder gobernar el mundo por encima de las potestades del Estado-Nación. Será el fin de la soberanía nacional incluso de las actuales potencias. En la cumbre del G20 en San Petersburgo a principios de setiembre, es probable que Rusia y China no solo evitan la anterior tentativa, sino presionarán para que se aboque la transformación del Sistema Monetario Internacional de otra forma y con más peso de las monedas de los BRICS. La finalidad sería lograr un mundo multipolar defendiendo la soberanía nacional.

Amenaza entonces una batalla por un nuevo Sistema Monetario Internacional (SMI). Ante ello es preciso que los países busquen por un lado tener la mayor autonomía para cubrirse ante esta inseguridad. Las reservas internacionales en dólares puedan variar de valor bruscamente. El oro, en cambio, mantiene su valor intrínseco y ante la escasez absoluta de ese metal tenderá a subir su precio. Distintos países europeos ya se han apresurado a recuperar sus reservas en oro. Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, estas están alojadas en bóvedas de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Recientemente Alemania al igual que Holanda, Austria y otros países de la UE, solicitaron repatriar sus reservas en oro. Quiere la sorpresa que su amanuense, la Reserva Federal de EEUU, no puede o no quiere entregarlas. A Alemania sólo ofrecieron entregar el 5% por año de un total de 3.400 toneladas de oro. Estas reservas alemanas alcanzan un valor de 182 mil millones de dólares, es decir, algo más del 6% del PIB”.

La no entrega de oro a los países de Europa Occidental es una forma de obligar a la Unión Europea a que firme el Tratado de Libre Comercio con EEUU. ¿Entonces están amarrados? No completamente. Hay quien escribe que el 6% del PIB no puede ser una palanca suficientemente poderosa para negarse a firmar dicho tratado. La deuda pública es mucho más grande. No pagar aquella parte de la deuda odiosa podría ser la salida. ¡Es hora que los movimientos sociales de Europa y los gobiernos que busquen una salida más digna a la crisis y que vayan en contra de este proyecto, aunque habría que salir del euro. ¡Que busquen una integración europea fundada en la soberanía de los pueblos con una democracia participativa!

Hacia una mayor autodeterminación de los pueblos

El caos económico, político y hasta militar que puede derivarse de la situación anterior supone y demanda no solo una mayor autodeterminación sino también una mayor autosuficiencia a todo nivel. América Latina la puede lograr ya que posee importantes reservas de recursos energéticos naturales considerados estratégicos. Ante un eventual colapso del comercio internacional -durante la Gran Depresión del Siglo XXI-, la integración latinoamericana no solo se torna viable sino un requisito. Ya no basta pensar en un Mercado Común Centroamericano o u Pacto Andino. En el siglo XXI cabe pensar en la integración de la Gran Patria de Bolívar. Es preciso no solo estudiar el posible alcance de esta integración, sino también la forma cómo cada país se integre. El continente representa la segunda mayor reserva de petróleo a nivel mundial y posee todas las fuentes primarias de energía. En sus tierras están alojadas el 96% de las reservas mundiales de litio, 98% de niobio, ambos recursos naturales estratégicos escasos usados en tecnologías emergentes verdes y que en su conjunto se llaman “tierras raras”. Si en Europa el proceso de integración comenzó con dos recursos naturales (el hierro y el carbón) América Latina cuenta con mucho más.

Es preciso saber que China se ha negado a exportar ciertas tierras raras y exige a las compañías instalarse en el país con transferencia tecnológica para así tener acceso a estos escasos recursos. El litio latinoamericano no solo no debería salir en bruto, ni incorporado prioritariamente en carros eléctricos hechos en el continente bajo la racionalidad de la obsolescencia programada sino, preferiblemente, en medios de transporte colectivo más duradero para mejor atender las necesidades comunitarias en el propio continente. Pero ningún país de América Latina puede imponer por si solo la misma condición que logró China. Por algo Occidente considera a la potencia asiática como la principal amenaza de la civilización occidental. Para poder implementar esta política, América Latina precisa una mayor integración interna y establecer acuerdos Sur-Sur. De lograrlo, en Occidente no se contaría con los recursos necesarios para continuar produciendo bajo la racionalidad de la obsolescencia programada. Ante la escasez de recursos, la lógica de valores de uso colectivo y duradero así como de valores de uso que satisfagan necesidades de las mayorías, prevalecerá sobre la racionalidad de crear valores de cambio individuales y perecederos portadores de ganancia y plusvalía. La tendencia sería hacia una economía con crecimiento negativo pero con mayor bienestar genuino de las grandes mayorías en el Sur. Se vislumbraría de esta manera, y más claramente, una transición hacia otra civilización. Este proceso podría acelerarse ante un caos internacional.

Solo juntos los países latinoamericanos pueden imponer condiciones a las trasnacionales que acaparan tierras y explotan los recursos cada vez más escasos. Para lograrlo, es preciso conocer los recursos más estratégicos por su demanda y escasez relativa así como por su uso específico. Con este conocimiento es posible tomar los acuerdos gubernamentales pertinentes a nivel regional más allá de las diferencias políticas. El cabildeo político es un factor importante, pero los movimientos sociales lo exigen a la vez a sus gobiernos. Estas presiones serán más fuertes aún en medio de una depresión internacional. Juntos es posible poner cuotas y frenos a la explotación desmesurada de los recursos. Contra el ALCA hubo luchas sociales a nivel continental para que los gobiernos tomasen posición. La misma mixtura de fuerzas pueda generar la posibilidad de recuperar la soberanía sobre los recursos naturales. La consecuencia a mediano plazo será que Occidente no contará con los recursos suficientes para continuar produciendo bajo la racionalidad de la obsolescencia programada.
Los escépticos dirán que determinadas políticas de poner cuotas y condicionamientos a la explotación de los recursos naturales nunca logrará imponerse a las grandes potencias. Un investigador latinoamericano bien conocido, llamado Theotonio Dos Santos, nos explica como China condiciona entrega de cuotas de recursos naturales a países de Occidente. China exige que las industrias que exploten ciertos recursos estratégicos (las llamadas tierras raras como tántulo, tungsteno, entre otras) se instalen en ese país y realicen transferencia tecnológica. ¿Lo podrán hacer los países latinoamericanos? En su viaje a China le han manifestado a Dos Santos que los chinos están dispuestos de aceptar la misma política en beneficio de América Latina. De lograrse estos condicionamientos cruzados, los países de Occidente no pueden quedar mucho atrás.

A nuestros gobiernos les interesa obtener un mayor ingreso de sus recursos. Al procesar industrialmente las materias primas en tierra propia se obtienen esos recursos con menos extractivismo. Y de hacerlo, la creciente autodeterminación de los pueblos definirá que mejor nos dedicamos a productos de nuestro interés colectivo (buses) que a intereses individuales extranjeros (autos individuales de último modelo). A los movimientos les interesa de sobre manera que se para el acaparamiento de tierras sin límite y la extracción ilimitada de recursos. Para que tenga éxito esta política, es precisa una respuesta conjunta de los países de la región de poner cuotas. No es imposible que se logre la meta ya que es más atractiva para todos los países latinoamericanos más allá de sus diferencias políticas.
La alternativa contraria a la anterior política es abrirse al mercado ajeno con intereses ajenos mediante tratados de libre comercio. Lo anterior es un escenario posible ante el cual se dispone un dique: la Alianza del Pacífico. En palabras de Ana Esther Ceceña (Pistas y desafíos en la geopolítica latinoamericana; ALAI, diciembre de 2012; pp16-19) esta Alianza es una franja geográfica a manera de dique, que separa o cerca los países con procesos de reivindicación de soberanías fuera de las líneas hegemónicas pretendidas universales. Su conformación inicial puede claramente relacionarse con la necesidad de detener ante todo la expansión de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y las otras iniciativas paralelas de integración como Petrocaribe o Banco del Sur. La Alianza del Pacífico desliza de lo económico a lo militar, y los cuatro países principales en su constitución (Colombia, México, Chile y Perú) están abiertamente comprometidos de romper la unificación política de la Patria Grande. El hecho que Colombia sea parte futura de la OTAN no deja ninguna duda. A los países anteriores se suman, formal o informalmente, Panamá, Costa Rica y por supuesto Honduras. La Alianza del Pacífico funciona como frontera de control de las relaciones económicas entre Asia y América, limitando la libertad de penetración para las inversiones chinas y cerrando las salidas directas al Pacífico para la zona industrial de Suramérica en general y la brasileña en particular (Vea, Ana Esther Ceceña, ob. Cit., pag. 17).

El Acuerdo de Asociación Transpacífico aborda además de los países de la Alianza a EEUU, Canadá Australia; Nueva Zelanda, Malasia y Singapur, entre otros. Estos últimos países, junto con los cuatro latinoamericanos de la Alianza, buscan imponer tratados de libre comercio entre sí. A ello hay que incluir el proyecto de un Acuerdo de Libre Comercio entre EEUU y la Unión Europea. Con ello queda claro que es un proyecto de los grandes banqueros (la City de Londres y Wall Street) y guerreros (la OTAN), es decir, el ´Complejo Financiero-Militar´. Este complejo procura imponer un mundo unipolar bajo su mando y crear un frente común ante el ascenso posible de un mundo multipolar apoyado por los BRICS. Estos países, con Rusia y China en primer lugar, buscan a su vez evitar ser subyugados al ´Complejo Financiero-Militar´.
Estamos, por tanto, ante una disputa regional, continental y mundial en todos los campos. Es claro que este conflicto de intereses tiene como telón de fondo visiones societarias y proyectos civilizatorios en choque (Vea Monica Bruckman, ob. Cit. Página 6). Si las oligarquías de América Latina no están dispuestas a tomar éste reto entre sus manos, tarde o temprano lo harán los sectores populares, para transformar en realidad su sueño histórico. Es preciso que Centroamérica estudie los riesgos y las oportunidades de las dos posiciones geo-políticas y geo-estratégicas.